La gastroplastia endoscópica es un procedimiento mínimamente invasivo utilizado para el tratamiento de la obesidad. Se realiza mediante un endoscopio que permite la reducción del tamaño del estómago sin necesidad de cirugía, utilizando suturas internas para modificar su capacidad y restringir la cantidad de alimentos que se pueden ingerir. Este procedimiento ayuda a la pérdida de peso sostenida y a la mejora de enfermedades asociadas a la obesidad.
Se recomienda para:
Personas con obesidad moderada a severa (Índice de Masa Corporal [IMC] entre 30 y 40) que no han logrado perder peso con dieta y ejercicio.
Pacientes que buscan una alternativa menos invasiva a la cirugía bariátrica, sin cortes ni incisiones externas.
Casos en los que el exceso de peso afecta la salud, como diabetes tipo 2, hipertensión, apnea del sueño o enfermedades metabólicas.
Personas que requieren una reducción de peso previa a una cirugía para disminuir riesgos quirúrgicos.
Pacientes con compromiso en su calidad de vida debido al sobrepeso, afectando su movilidad y bienestar general.
Los pacientes pueden perder entre el 15% y el 20% de su peso corporal total en el primer año, dependiendo del seguimiento de las recomendaciones nutricionales y de cambios en el estilo de vida.
Sí, en caso necesario, las suturas pueden ser retiradas mediante una nueva endoscopia.
La mayoría de los pacientes retoman sus actividades normales en 48 horas, aunque es importante seguir una dieta progresiva y acudir a los controles médicos programados.
Este procedimiento representa una opción eficaz y segura para la pérdida de peso, ofreciendo beneficios tanto metabólicos como en la calidad de vida del paciente.
Personas con un IMC entre 30 y 40 que han intentado perder peso con dieta y ejercicio sin éxito. También es una opción para quienes no son candidatos a cirugías más invasivas.
Los pacientes pueden perder entre un 15 % y un 20 % de su peso corporal en el primer año, siempre que sigan una alimentación saludable y mantengan hábitos de vida activos.
El procedimiento dura entre 60 y 90 minutos y, generalmente, no requiere hospitalización. La mayoría de los pacientes regresan a casa el mismo día.
Es un procedimiento seguro, pero algunos pacientes pueden experimentar náuseas, dolor abdominal o reflujo en los primeros días. Estos síntomas suelen ser leves y temporales.
Se recomienda una dieta líquida en las primeras semanas, seguida de alimentos blandos y, progresivamente, sólidos. Es fundamental adoptar hábitos alimenticios saludables para mantener los resultados.
Los resultados pueden mantenerse a largo plazo si el paciente sigue una alimentación equilibrada y realiza actividad física regularmente. La falta de compromiso con estos cambios puede afectar la efectividad del tratamiento.
Sí, puede complementarse con apoyo nutricional, terapias conductuales y, en algunos casos, medicamentos para el control del peso.
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